Piel bronceada y sana: es posible tenerla (y mantenerla)

Autor: | Categorías: Solar

Ahora que estamos en el último mes de vacaciones veraniegas e intentamos absorber los últimos rayos de sol para traernos a casa esa piel bronceada perfecta, nos preguntamos a menudo: «¿Lo estaré haciendo bien?» «¿Y si por broncearme pongo en peligro mi salud?» Preguntas, todas ellas, absolutamente lógicas. En efecto, el sol es un arma de doble filo: lo necesitamos pero no podemos abusar de él. Sin embargo, hay determinadas pautas que nos pueden ayudar, y mucho, a lograr no solo una piel bronceada, sino también, y lo que es más importante, una piel bronceada y sana.

El sol, ¿amigo o enemigo?

Pues, como decía antes, ambas. El sol es ese amigo necesario al que hay que visitar en pequeñas dosis para evitar males mayores. Pero sin él no podemos vivir:

  1. Nos ayuda a sintetizar vitamina D, imprescindible para fijar el calcio en nuestros huesos, lo que hace que tanto estos como nuestros dientes se fortalezcan.
  2. Mejora el aspecto de la piel, especialmente para aquellas personas que sufren de ciertos tipos de acné. La psoriasis o la ictericia disminuyen sensiblemente también cuando tomamos baños de sol.
  3. Fortalece nuestro sistema inmune. El sol, tomado con moderación, ayuda a producir mayor cantidad de glóbulos blancos, los encargados de defender a nuestro organismo de agresiones externas como las infecciones.
  4. Disminuye la grasa en la sangre. La gente que vive en zonas en las que hay más sol suelen tener menos predisposición a las enfermedades cardiovasculares. Esto se debe a que la radiación solar es vital para metabolizar el colesterol, por lo que quien se expone moderadamente a su acción reduce el riesgo de que esta grasa se pegue a las arterias. Pero es que además provoca una vasodilatación de los conductos sanguíneos, lo cual influye en la reducción de la presión arterial. Dicho de otro modo, el sol, en su justa medida, es bueno para el corazón.
  5. Protege frente a determinados tipos de cáncer. El factor protector de la vitamina D hace que nuestro cuerpo sea más resistente a procesos cancerígenos como el de mama, colon, ovario, vejiga o útero, entre otros muchos. De hecho, los países mediterráneos tienen una menor incidencia de estos tipos de cáncer frente a países con menos horas de sol, como los nórdicos.
  6. Mejora el estado de ánimo. La radiación solar fomenta la producción de serotonina, un neurotransmisor que es, además, un antidepresivo natural que fomenta, por otro lado, mejores ciclos de sueño y mejor respuesta sexual. ¿No os ha sucedido nunca que un día soleado en medio de muchos días grises hace que os sintáis de mejor humor? Esa es la razón.
  7. Protege frente a la esclerosis múltiple. Aunque se desconocen las causas por las que el sol es un protector frente a esta enfermedad degenerativa, se cree que podría estar relacionado con la vitamina D: el hecho es que, al igual que en el punto e, los países con más sol tienen un porcentaje menor de personas afectadas por la esclerosis múltiple que otros con menos horas de radiación solar.

Sin embargo, no podemos olvidar que el sol también nos puede afectar gravemente si no nos exponemos a él con cuidado y moderación:

  1. Nos exponemos a quemaduras. Si no protegemos convenientemente nuestra piel ni la preparamos para el sol (y si, además, lo tomamos en horas de máxima radiación), nos arriesgamos a que nuestra piel se enrojezca en el mejor de los casos y a que tengamos lesiones como ampollas, quemaduras, etcétera, en el peor.
  2. Aumentamos el riesgo de cánceres de piel. El melanoma, el carcinoma (tipos de cáncer de piel especialmente agresivos) y otros procesos cancerígenos en la piel están directamente relacionados con un exceso de horas al sol o una falta de protección frente a este.
  3. Trastornos oculares. Al contrario que sucede en los puntos a y b, las horas con menor incidencia solar (amanecer y atardecer), así como los días nublados, son momentos en los que, si no nos protegemos debidamente (con gafas de sol homologadas y de calidad, adquiridas en una óptica), nos arriesgamos a daños temporales o incluso crónicos, incluyendo las cataratas.
  4. Envejecimiento prematuro de la piel. Seguro que lo habéis visto en alguna ocasión: las personas excesivamente bronceadas suelen presentar una piel con mayor tendencia a la sequedad y a las arrugas. De hecho, buscamos una piel bronceada pero sana, no excesivamente castigada por el sol. Si los rayos UVB son los responsables directos de los procesos cancerígenos, los UVA inciden en la capa subcutánea y destruyen el colágeno y la elastina, por lo que la piel presenta ese aspecto como acartonado y con arrugas muy pronunciadas.

piel bronceada efectos nocivos

Una piel bronceada y sana es algo posible (y fácil)

Después de estas dos listas de pros y contras, la conclusión parece clara: tomar el sol, sí, pero con mucha precaución. Por una parte, debemos preparar nuestra piel convenientemente y, por otra, tomar ciertas medidas durante el tiempo en que estamos al sol:

  1. Hidratarse y comer bien. No puede faltar el agua cuando nos exponemos al sol. Hidratarse y alimentarse para que nuestra piel esté sana son aspectos fundamentales que nos ayudarán a mantener ese aspecto joven y terso que anhelamos.
  2. Protección… en todos los aspectos. Que no te falte nunca una buena sombrilla, una gorra o pamela, unas gafas y, sobre todo, protector solar. Pero ojo: con un factor de protección alto o muy alto (sobre todo si no eres muy morena de piel), porque, aunque pases el día bajo la sombrilla, esta deja pasar un 35% de la radiación a través de la tela.
  3. Moderación en los baños solares. Exponte al sol de manera progresiva: 10 minutos el primer día, 15 el segundo… y así sucesivamente. Pero procura que ningún baño solar sea superior a 30 minutos (hablamos, claro está, de exposición directa).
  4. Renueva tu crema protectora. Aplícala por primera vez unos 30 minutos antes de exponerte al sol por primera vez y renuévala cada vez que te bañes, cada vez que sudes en exceso o, en cualquier caso, cada dos horas si ninguna de las otras dos cosas sucede.
  5. Evita las horas centrales del sol. Entre las 12 del mediodía y las 4 de la tarde los rayos del sol son especialmente potentes, por lo que te recomiendo que evites una exposición directa en esas horas. Mantente bajo la sombrilla, debidamente hidratada por dentro y por fuera o, si puedes, bajo techo.
  6. Cuidado con los días nublados. Las peores quemaduras solares que he visto provienen de esos días. Las personas, debido a que el sol calienta menos, no perciben el calor que activa nuestra alarma y o bien no se protegen o bien se olvidan de renovar la crema solar. Los rayos pasan a través de las nubes del mismo modo que si estas no estuvieran. Hay que tomar las mismas medidas que en un día soleado.
  7. El deporte al sol también cuenta como exposición directa. Si decides tomar el sol de manera activa, ¡mucho mejor! Pasear, correr, jugar a las palas…, son excelentes maneras de disfrutar de un día de sol. Pero estamos igualmente expuestos a sus efectos nocivos. Protégete de la misma manera que si estuvieras tumbada en la hamaca.
  8. No te olvides de nuestro trío de éxito: preparar, reparar, prolongar. Las tres fórmulas nutricosméticas ideadas para fortalecer nuestra piel frente al sol (preparar), eliminar sus efectos nocivos (reparar) y hacer el bronceado más duradero (prolongar) son un aliado imprescindible cada año. Logramos una piel bronceada y sana, pero también rejuvenecida, gracias al efecto de micronutrientes como el ácido alfa lipoico, que previene eficazmente frente al envejecimiento prematuro de la piel (es un antioxidante de primera), el alga espirulina, cuyos principios activos (es un cóctel de vitaminas y minerales) refuerzan nuestro sistema inmunológico y el ácido linoleico conjugado (CLA), que no solo es un aliado en los procesos de adelgazamiento sino que aquí, en sinergia con otros principios activos, ayuda a fortalecer la piel y a neutralizar los radicales libres.

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